Mar 09

Las llamas consumen parte del cerro El Conquistado y la Teta de Niquitao

El hombre parece no cesar en su daño al ambiente, y mentes criminales siguen originando incendios, sin importarles la magnitud de las consecuencias negativas

Sin agua y sin electricidad por múltiples causas, entre ellas de responsabilidad directa al gobierno, parecen no bastar y a todo ello, se suma la acción criminal de terceros, que originan incendios forestales en lugares emblemáticos del estado Trujillo.
Hace al menos 5 días que las llamas consumen el cerro El Conquistado, la elevación natural predilecta del municipio Motatán, ícono de la población. Sus habitantes observan con angustia, la columna de humo que afecta el ambiente e irremediablemente, daña el ecosistema natural de la zona.
La contaminación y afectación la están sintiendo también los habitantes del sector Barrio Nuevo de Motatán.
Situación similar ocurre en las adyacencias a la montaña más alta del estado Trujillo, la Teta de Niquitao en el municipio Boconó.
El director regional de Protección Civil Trujillo, César Fernández ha informado hoy, a través de la cuenta oficial Twitter @trujillopcad que la extensión del daño incluye a los páramos de Tuñame y Cabimbú, municipio Urdaneta.
Cuerpo de Bomberos, Brigadas Forestales, Inparques, Milicia Bolivariana, oficiales de Protección Civil regional así como de Urdaneta y Boconó, además de voluntarios de las zonas altas no han descansado en lo que va de mes, haciéndole frente a las llamas que destruyen nuestros páramos,
Cómo recordarán hace varias semanas, otros focos de fuego originados en el estado Mérida arrasaron en ambas zonas trujillanas, por lo cual la amenaza para las cuencas hidrográficas es alarmante.
Se quemó por más de una semana la cadena montañosa de El Alto de Escuque, y es muy sospechoso que en zonas altas haya incendios de tal magnitud.
Cuánto daño en nuestros páramos trujillanos, y aunque las situación climática es caótica por la radiación solar, la falta de lluvia y la merma de los ríos, falta mucha consciencia ambiental, de quiénes pasean por las montañas, y del ciudadano común.
Cuántas veces han advertido no dejar fogatas encendidas, ni desechos. El trabajo de movimientos ambientalistas parece en vano, porque el hombre no dejar de atentar contra la naturaleza, por dónde quiera que pasa.
Nuestro clima empeora, ahora se respira es cenizas y humo; cada vez es más difícil el acceso al agua dulce.
Para algunos la culpa es del Gobierno, también hay razones meteorológicas, pero el ciudadano debe reaccionar de una vez por todas. Quién ponga un pie en un ambiente natural, reserva de agua, parque y demás lugares al aire libre no puede causar daño: no puede dejar desechos, ni fogatas, no puede contaminar ríos o nacientes, y todos los habitantes deben ser más celosos y hacer respetar el ambiente.
Que se castigue con mayores sanciones, que de verdad haya severidad y duela en la moral, en lo penal, en lo civil, el atentar contra la naturaleza; al paso que vamos, quemarán todas las montañas y «la culpa será de la vaca» como el libro de Jaime Lopera y Marta Bernal, y de paso no habrá agua para las necesidades básicas humanas, mucho menos para la generación de energía eléctrica.

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