Mar 27

Cajeros automáticos: una leyenda urbana

Ciertas estructuras, servicios y comodidades para la población, otorgan a un lugar la calificación de urbana o ciudad.

Las agencias bancarias fueron en su momento, un sinónimo de ciudad, de progreso y calidad para las personas. Pero en pleno siglo XXI, lo que fue un símbolo de progreso, como los cajeros automáticos, hoy es una leyenda urbana.

Fueron destinados a facilitar la tenencia de dinero en efectivo, en horario distinto al bancario. A finales de los años 90 y en el nuevo milenio, mejoraron sus servicios; pasaron de consultas y retiros de efectivo, a depósitos en cheque, transferencias, uso de huella dactilar, luz infrarroja, actualización e impresión de libretas de cuentas de ahorro y más.

Una gran herramienta para los clientes trujillanos fueron los cajeros del Banesco, Banco Provincial y Banco de Venezuela. Las colas estaban siempre largas, y aunque funcionaran 2, 3 o 4 cajeros de manera simultánea, la demanda superaba la capacidad de respuesta, porque para los trabajadores era más fácil usar el cajero, que entrar a la agencia bancaria.

El servicio de cajeros del BOD en San Rafael de Carvajal también fue de punta, recién inaugurado.

Con el declive de la generación eléctrica y la calidad de conexión a internet, los cajeros automáticos se convirtieron en chatarra; siendo objeto del vandalismo y toda la inversión en el aparataje, quedó reducido a un adorno. Cajones de porcelana empotrada, finamente modelada a la vista, pero inservible.

Banco Exterior, Banco Caroní, Banco Bicentenario y BOD tienen sus estructuras de cajeros automáticos totalmente destrozadas, a consecuencia del hampa valerana.

«Solo permite consultar saldo» y lo muestra en pantalla, porque ni comprobante emite declaran los usuarios en cola, para ver su saldo.

A los cajeros automáticos también les pegó la crisis del papel; antes fue la del dinero en efectivo y hace al menos 3 años, que su uso ya no tenía sentido, y las agencias los inhabilitaron.

Estos días de cuarentena social se informó el funcionamiento óptimo de los servicios bancarios, pero éste no incluye a los cajeros. La semana pasada estuvo disponible al público, un cajero automático del Banco de Venezuela, en el centro de la ciudad, calle 13 y a esta fecha, no hay ninguno que cumpla su función principal: emitir dinero en efectivo.

Irrisoria era la cantidad que emitían los cajeros, ante la falta de dinero efectivo; Banco Mercantil y Bancaribe los últimos en ofrecer el servicio no pasaban de Bs. 10.000, el equivalente a tres pasajes urbanos.

Todo esto representa un retroceso en servicios para los ciudadanos; volvimos al siglo pasado, al trueque o la ilegalidad.

Así se dio pie a otro tipo de acciones ilíctas, junto a la «viveza criolla» y el negocio mal habido fue: la venta de efectivo.

El Banco de Venezuela, Banco Provincial y Banesco tenían los mejores cajeros y la gente prefería utilizarlos, que ir al banco Foto: Diario El Tiempo

Entre las localidades trujillanas, que ni en el viejo, ni en el nuevo milenio tuvieron un cajero automático está: Escuque, Pampanito, Urdaneta y Candelaria. Por su parte Motatán, Campo Elías, Betijoque y Pampán contaron con el servicio por muy poco tiempo.

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