Nov 09

2018 Adam Álvarez, el primer montañista venezolano en escalar la octava cumbre del mundo

Escaló la octava montaña más alta del mundo y ahora quiere ser el primer venezolano en escalar el Everest sin ayuda de oxigeno artificial, Adam Álvarez es un venezolano que quiere dejar el nombre del país muy en alto, literalmente.

Adam nació con la aventura en la sangre. Vivió en Caracas hasta los seis años, edad en la que se muda a Mérida, en sus propias palabras “definitivamente soy merideño”. Lleva ya cuatro años residenciado en Londres, donde entrenó con disciplina para lograr escalar el Manaslu, la octava montaña más alta del mundo.

La travesía es digna de una película y Adam la cuenta en sus propias palabras, dejando plasmada toda la emoción que sintió de principio a fin.

“Un ocho mil como el Manaslú había estado en mi mente desde hace unos 20 años;  fue uno de esos sueños por los que se debe trabajar  muy duro para poder hacerlo realidad, especialmente en su parte financiera.  A principios del 2017, gracias a mi actual trabajo en Arc’teryx (empresa canadiense de alta gama en ropa de Alpinismo y Skí), en Londres, conocí a Krish, nepalí y CEO de HimalayanSki&Trek. En ese momento comenzó lo que para mí había sido inalcanzable: mi primer viaje hacia una montaña con más de 8000 m de altitud”.

“Luego de un año de intensa preparación, buscando patrocinio en distintas marcas de montaña y entrenando para tal reto, el 30 de agosto de 2018 llegó el día de volar a Katmandú (KTM). Los dos primeros días en KTM estuve familiarizándome con la ciudad y terminando de asimilar que allí estaba. La realidad se imponía. Pasados esos días, mi viaje hacia el  Manaslú comenzó viajando entre pueblos y durmiendo en lo que allí llaman Tea Houses. El itinerario fue el siguiente: Kathmandu – Beshishahar – Dharapani – SurkiKholaManang – Bimhang – Samdo – Samagaun y, finalmente, Manaslú Base Camp”.

Desde los 15 años comenzó a escalar con algunos compañeros de colegio, igualmente leia libros sobre montaña y veía documentales del tema. Esto lo llevó a trabajar como guía en el Parque Nacional Sierra Nevada y a estudiar Ingeniería Forestal en la Universidad de Los Andes.

Sigue con el relato…

“Llegó el día; el ascenso empezó. Subí al Campamento base, pernoctando allí al igual que en el C1 (campamento uno), C2 y C3. Estando en el C3, el grupo decidió atacar a cumbre desde allí y no desde el habitual C4, que es el asumido por la mayoría de quienes aspiran cumbre en esta montaña. Yo lo asumí igual, puesto que eso me exigiría físicamente más, pero me evitaría cargar mayor peso en la parte físicamente más exigente de la montaña. Iba a ser un día de cumbre muy largo”.

“Al ascender solo, evalué mis propias alternativas y decidí intentar desde el C3 (6800 m). Llevando una carpa ligera, podría subir hasta el C4 (7450 m), pernoctar allí y atacar a cumbre. Pero, decidí atacar al igual que el resto del grupo, desde el C3. El ahorro de peso para mí, que –además- no llevaba oxígeno embotellado, resultaría una ventaja emocional y física. Así, el día sería muy largo y debería recurrir a toda mi energía… no solo para alcanzar la cumbre, sino para regresar por mis propios medios. El grupo de amigos llevaba oxígeno embotellado y Sherpa. Yo iba solo y si algo salía mal no tendría soporte ni ayuda de ningún tipo. Una decisión trascendental para mi vida. Sobre todo porque, al debatir el tema con el jefe del Campamento Base, acordamos que yo estaba responsablemente asumiendo las consecuencias de mis actos. Nadie iba a darme oxígeno ni alterar su meta por mí. Estaba al tanto de esta situación y aunque la asumí frente a todos, no podía alejar cierto temor dentro de mi mente”.

En Venezuela escaló el Pico Bolívar, consiguiendo el récord de ascenso y descenso en 11 horas, 12 minutos con 57 segundos. Sus escaladas por lo general son sin oxigeno artificial, esto ha llevado a Adam a experimentar sensaciones particulares.

“En mi camino a la cumbre experimenté sensaciones muy extrañas. Nunca antes vividas. La falta de oxígeno me hizo alucinar y desvariar intermitentemente. Trato de recordar todo lo vivido y me resulta bastante confuso y borroso. Uno de los recuerdos más nítidos que tengo fue el generado con mis mitones de expedición. Estos guantes, especiales y voluminosos, chocaban con la empuñadura del jumar al momento de utilizar cuerdas fijas, cosa que hizo que mis dedos estuvieran expuestos al frío por lapsos prolongados de tiempo, mientras los intercambiaba de una mano a la otra, tratando de solucionar la interferencia. Pude notar que la yema de mis dedos apareció un pequeño círculo blanco. Me asusté. De hecho, a dos semanas de aquel día aún sentía sensibilidad en ellos”.

“En el largo camino a la cumbre experimenté un intenso Deja Vu. Sentí con todo mí ser que había estado allí. Tal vez fue consecuencia de tanto soñar con aquel lugar y situación desde años atrás. Pero, comencé a preocuparme por mi situación ¿Estaba soñando? ¿Estaba alucinando a casi 8000 m y sin O2? ¿Qué me estaba pasando? No esperé ninguna respuesta y seguí mi ascenso. Siempre veía a alguien delante de mí. Siempre hubo otros escaladores, marcando el camino. De hecho, consideré una ventaja agradable seguir la huella de alguien en todo momento, pues mi visión empezó a ponerse borrosa. Bastante borrosa. Aun así, pude seguir esa huella que marcaba el camino en aquella blanda y agotadora nieve”.

Panorama.-

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